Cinco años sin Jhonander: no hay olvido para las víctimas del SAR

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Jhonander Ojeda Alemán, junto a un Superpuma del SAR del Ejército del Aire donde sufrió dos accidentes, el segundo de ellos mortal. Hay tragedias que conmueven profundamente a la sociedad y víctimas a las que nunca arrinconará el olvido. Hoy hace cinco años de la muerte de Jhonander Ojeda Alemán, el joven militar de Telde que perdió la vida en un helicóptero del SAR caído al mar el mismo día de su cumpleaños, el 22 de octubre de 2015, solo año y medio después de un primer accidente en el que perdió a cuatro de sus compañeros y él logró sobrevivir casi milagrosamente. El joven sargento Jhonander habría cumplido este jueves 32 años, pero un golpe de fatalidad segó su vida abruptamente cuando regresaba de unas maniobras militares en Senegal junto al capitán José Morales y el teniente Saúl López. El caso, ya muy trágico por la pérdida de tres vidas, acumuló dramatismo en dosis extraordinarias por varios motivos. El primero, el hecho de que el joven sargento hubiese sido año y medio antes e

La sanidad canaria, como un pollo sin cabeza: más cambios en mitad de la pandemia

 



Hay errores en política que son difícilmente excusables. El peor de ellos, nombrar para cargos altamente sensibles a personas sin las competencias y conocimientos necesarios en momentos muy difíciles para la sociedad. O generar un clima de volatilidad política en un área tan extremadamente sensible como la Sanidad en tiempos de pandemia. Pues bien. El Gobierno de Canarias lleva tres consejeros de Sanidad en poco más de un año y, desde este jueves, cuatro, ¡cuatro!, directores del Servicio Canario de Salud (tres de ellos en los últimos siete meses). 

El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, comenzó su mandato con Teresa Cruz al frente de la Consejería de Sanidad. Desde antes de que se iniciara su gestión, ya parecía bastante evidente que una especialista en trabajo social, cuya única experiencia sanitaria se limitaba a formar parte de una comisión parlamentaria del ramo en el Parlamento de Canarias, no era la persona más adecuada para dirigir una maquinaria tan compleja como la Sanidad pública canaria. Los incendios no tardaron en propagarse en una consejería que ya arrancaba el mandato con datos absolutamente desastrosos en listas de espera quirúrgica y de especialidades.

El presidente Torres ya debía saber a finales de enero de 2020, cuando el Covid estaba explotando en China, que Cruz no era ni remotamente la persona adecuada. Pero entre ejecutar una destitución preventiva y alargar el problema, escogió la peor solución: dar largas al cese e interponer dos comités, uno de expertos de la Universidad y otro de gestores, entre la consejera y los ciudadanos, para intentar atajar el incendio ya declarado de la pandemia del Covid. Obviamente, esto tampoco funcionó, de modo que acabó destituyéndola fulminantemente, pero en el peor momento posible. Así que Cruz fue destituida por... ¿porque acabó de demostrar su manifiesta incapacidad ante la primera oleada del coronavirus? Pues no. En realidad ocurrió porque la consejera se insolentó en una entrevista periodística para declarar que en Sanidad solo mandaba ella. Y de hecho, quizá hasta cabría preguntarse si no estaría todavía en su flamante silla de consejera, pese al Covid, de no ser por esa inoportuna entrevista. Esas cosillas de la política canaria... 

En medio del caos, la única franja temporal mínimamente presentable al frente de la Consejería de Sanidad la protagonizó como consejero transitorio Julio Pérez, nombrado interinamente por Ángel Víctor Torres cuando cayó Cruz, a finales de marzo pasado. Por entonces España ya estaba en estado de alarma y los ciudadanos, encerrados y aterrados. 

Durante su mandato interino, Pérez fue, además de un consejero pragmático y eficiente, un magnífico portavoz del Gobierno en un escenario de pandemia. Lanzó varias veces el mensaje de que, cuando amainara la crisis Covid, él quería volver a su consejería original, la de Presidencia y Justicia. El escenario de enorme incertidumbre generado por el Covid a todos los niveles hubiera aconsejado afianzar la estabilidad en Sanidad, pese a los deseos del propio Pérez. Pero pese a su eficiencia y a pesar de los tiempos dramáticos marcados por la pandemia, incomprensiblemente, fue sustituido en junio por Blas Trujillo, un histórico del PSOE sin competencias ni conocimientos específicos en materia sanitaria, que llevaba años encadenando estancias en cargos públicos o semipúblicos sin responsabilidad alguna en la gestión directa y menos aún en la esfera sanitaria. 

Con Trujillo llegó a Sanidad el tercer director del Servicio Canario de Salud en menos de un año. La primera del actual Gobierno fue Blanca Méndez, que cayó junto con Teresa Cruz. En marzo, la sustituyó Antonio Olivera, viceconsejero y una de las manos derechas de Ángel Víctor Torres. Con la llegada de Blas Trujillo, Olivera se volvió a Presidencia y accedió a la dirección del SCS Alberto Pazos, que no ha durado ni tres meses.

Y ahora, ya con la pandemia desatada, se anuncia el nombramiento este jueves de Conrado Domínguez, que ya ocupó este cargo con el último consejero de Sanidad de Fernando Clavijo, José Manuel Baltar. Domínguez ya había cobrado cierto protagonismo en unos de los comités Covid que organizó Torres para afrontar la primera oleada de la pandemia. De hecho, fue a él a quien intentó desautorizar Teresa Cruz en la entrevista que causó su fulminante destitución.

Canarias acumula ya un histórico de 7.571 casos confirmados de Covid, de los cuales en estos momentos están activos 4.558, muchos más de los registrados en la primera oleada. Del total de casos activos, 4.018 se registran en la isla de Gran Canaria y 2.625 en la capital de la isla. Y es ahora, ahora, cuando Torres da otro volantazo para relevar a Pazos por Domínguez, ni tres meses después de la última remodelación.

Lejos y apagadas quedarán por ahora las virulentas críticas que, durante el mandato del anterior Gobierno, dirigió el propio PSOE al trío Clavijo / Baltar / Domínguez cuando los socialistas reprochaban a aquel Ejecutivo que gestionara la sanidad a la medida de los intereses de las clínicas privadas. En realidad, en parte así fue: con la sanidad hecha unos zorros, las listas de espera disparadas y una creciente desconfianza de los ciudadanos, Canarias tenía el mejor y más caótico servicio público que podían soñar los empresarios de las clínicas y las aseguradoras privadas.  Ahora regresa con el PSOE a la dirección del Servicio Canario de Salud la que supuestamente era una de las manos ejecutoras de tal espantajo.

Por el bien de los canarios, de su salud y de su vida, habrá que desearle suerte en el desempeño, tras un nombramiento anunciado que genera no pocas desconfianzas, cuando no estupor total, en sectores profesionales de la sanidad. Y para cuando pase la crisis quedará el análisis de por qué, en el peor momento para la sanidad en el mundo, con una segunda oleada anticipada y de una virulencia inusitada en Canarias, este Gobierno se comporta en materia sanitaria ejecutando un banzado detrás de otro, con una escalada de cambios, parches y remiendos que convierten la Consejería de Sanidad en una suerte de laboratorio de prácticas ante un drama social y económico sin precedentes. 

Por si todo esto fuera poco, el escenario lo remata el `comité de sabios´ que (se supone) arropa algunas decisiones políticas del Ejecutivo. El histórico de declaraciones de algunos de sus miembros es tan surrealista como los propios cambios políticos en Sanidad. A saber: que el Covid no mataría a nadie, que la mascarilla no era ni útil ni imprescindible para frenar la pandemia, que para qué iba Canarias a pedir test PCR en origen a turistas y viajeros, pues tal cosa mataría al turismo, y en la última de las ocurrencias, que un súper contagiador llegado de algún lugar de la Península ibérica había regado por las discotecas latinas de Las Palmas de Gran Canaria el virus que hoy soportan 2.625 personas, y subiendo, en la capital. Una suerte de súper Romeo, fiestero y promiscuo, cautivando y contagiando a la muchachada local.

Este miércoles se ha consumado el peor de los augurios del sector turístico: Alemania, la comprensiva Alemania, finalmente ha incluido a Canarias en la lista negra de destinos turísticos no recomendados por su alta incidencia del coronavirus. La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, epicentro de la segunda oleada, acumula en estos momentos más de 650 casos activos de Covid por cada cien mil habitantes. 

Pero ahí sigue la Consejería de Sanidad de bandazo en bandazo y su comité de expertos, de extravagancia en extravagancia. Como si a la Sanidad pública isleña le hubiese caído la maldición de comportarse como un pollo sin cabeza en el peor momento de Canarias en décadas. 




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