Cinco años sin Jhonander: no hay olvido para las víctimas del SAR

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Jhonander Ojeda Alemán, junto a un Superpuma del SAR del Ejército del Aire donde sufrió dos accidentes, el segundo de ellos mortal. Hay tragedias que conmueven profundamente a la sociedad y víctimas a las que nunca arrinconará el olvido. Hoy hace cinco años de la muerte de Jhonander Ojeda Alemán, el joven militar de Telde que perdió la vida en un helicóptero del SAR caído al mar el mismo día de su cumpleaños, el 22 de octubre de 2015, solo año y medio después de un primer accidente en el que perdió a cuatro de sus compañeros y él logró sobrevivir casi milagrosamente. El joven sargento Jhonander habría cumplido este jueves 32 años, pero un golpe de fatalidad segó su vida abruptamente cuando regresaba de unas maniobras militares en Senegal junto al capitán José Morales y el teniente Saúl López. El caso, ya muy trágico por la pérdida de tres vidas, acumuló dramatismo en dosis extraordinarias por varios motivos. El primero, el hecho de que el joven sargento hubiese sido año y medio antes e

Decenas de inmigrantes se contagian de Covid atrapados en la Casa del Marino: "Salí llorando, no se puede ni respirar"




Decenas de inmigrantes confinados en la Casa del Marino de Las Palmas de Gran Canaria se están contagiando de Covid incluso meses después de su llegada a la isla debido a las condiciones de hacinamiento, insalubridad y descontrol que soportan en el recinto. Personas que han estado en contacto con este grupo de inmigrantes, 93 subsaharianos en estos momentos, describen un escenario desolador en el interior de las tres plantas ocupadas por el colectivo: "Las plantas que los alojan no están preparadas para esto. Las condiciones son pésimas. La última vez que subí salí de allí llorando. No se puede ni respirar".

La Casa del Marino acoge en estos momentos a 93 inmigrantes y parte de ellos permanecen en el recinto desde principios de año, desde antes de que estallara la crisis del coronavirus. En estos momentos, 42 de ellos están contagiados de Covid, según datos confirmados por Cruz Roja, que tutela el centro de acogida, y por la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, que desconoce el origen del brote. La Delegación del Gobierno asegura, según una portavoz autorizada, que se trata de un contagio local, adquirido con posterioridad a la llegada de estas personas a Gran Canaria, y que no existe ninguna posibilidad de que se haya producido por incorporaciones de viajeros llegados en las últimas pateras. "Eso no puede haber ocurrido".

Durante meses, desde antes de que comenzara la pandemia, los inmigrantes alojados en la Casa del Marino entraban y salían libremente del centro, que se encuentra bajo la atención de la Cruz Roja, al amparo de los convenios entre la organización y el Gobierno de España para la atención a personas vulnerables. Cuando se detectó el brote, quedaron suspendidas todas las salidas y los inmigrantes han quedado confinados y atrapados en tres plantas, ahora ya sin ningún tipo de contacto con el exterior. 

Este confinamiento obligatorio se impuso a partir del día 24 de agosto, después de la primera detección entre los inmigrantes de dos positivos de Covid que fueron trasladados a otro centro para mantenerlos aislados, explicó una portavoz autorizada de Cruz Roja. A fecha de 4 de septiembre, el número de positivos residentes en el centro se eleva ya a 42, a pesar de que, según la organización no gubernamental, no se permite a los acogidos circular entre diferentes plantas, para evitar el riesgo de nuevos contagios. También han sido enviados a sus domicilios para permanecer aislados varios trabajadores de la Cruz Roja que prestaban servicio en la Casa del Marino. Hasta la fecha, ninguno de ellos ha dado positivo en las pruebas de detección del coronavirus.

Testigos directos de la situación aseguran que los inmigrantes se encuentran en unas condiciones de hacinamiento e insulabridad alarmantes y en una situación de tensión creciente, que hizo necesaria la semana pasada la intervención de la Policía Nacional. Según Cruz Roja, se trató de un incidente leve, producto del nerviosismo de algunos inmigrantes por la situación y se resolvió con una charla de los agentes desplazados hasta que los acogidos comprendieron la necesidad de permanecer confinados. "Fue una breve charla en la que se reforzó el mensaje de tranquilidad y de necesidad de guardar cuarentena".

Condiciones penosas

Los testigos visuales hablan de "condiciones penosas" de alojamiento en estas tres plantas, en una de las cuales solo hay dos duchas para medio centenar de personas. Cada planta tiene un único vigilante de seguridad para tratar de evitar que los confinados circulen entre plantas y aumente aún más la extensión del contagio. En el acceso principal del edificio hay un cuarto punto de control para impedir tanto el acceso de ciudadanos, como la salida de las personas alojadas dentro. 

Según esta versión, los inmigrantes estaban siendo atendidos por personal de la Cruz Roja que dejó de acudir cuando se desató el brote y tampoco se presta servicio de limpieza ni siquiera básico en las plantas. "La situación ya era mala cuando había servicio de limpieza. Ahora ya, ni eso. Y es horroroso". 

Los mismos testigos aseguran que la única asistencia diaria que reciben los acogidos es la que realiza la empresa contratada para suministrar las comidas y la que prestan los propios vigilantes de seguridad. Y nada más, salvo una retirada de la basura del interior "cada tres días". El testimonio de alguien que ha visto el interior del centro no puede ser más elocuente: "Salí llorando. No se puede ni respirar". 

Cruz Roja asegura por el contrario que la organización en ningún momento ha dejado de atender el centro y que personal especializado equipado con indumentaria de protección EPI y con conocimientos de los protocolos para prevenir el Covid acude todos los días a la Casa del Marino. Este personal presta "una atención básica: reparto de alimentación (desayuno, almuerzo y cena), productos de higiene, demandas sanitarias y otras para cubrir otras necesidades básicas".

Sí han quedado suspendidas todas las actividades ordinarias que se llevaban a cabo antes del brote y del confinamiento. Esta paralización afecta a los talleres y actividades grupales, incluidas las clases de castellano, pero también a las actividades de asesoramiento legal y social, que están igualmente en suspenso.

La Delegación del Gobierno en Canarias no quiere comentar la situación interna que se registra en la Casa del Marino, al encontrarse bajo la tutela de la Cruz Roja y remite a los periodistas a la propia ONG. Tampoco tiene constancia de cómo se han podido contagiar de Covid estas personas al encontrarse en un centro tutelado por Cruz Roja que, a todos los efectos, "es el domicilio de estos inmigrantes".

La Delegación subraya que su papel consiste en la búsqueda de alojamiento para los subsaharianos tras su llegada en patera, que desde el inicio de la pandemia incluye una prueba PCR a todos y cada uno de los viajeros y la filiación por parte de la Policía Nacional. "Pero a partir del momento en que los inmigrantes entran en el sistema de acogida, el responsable es la organización que tutela el alojamiento". 

El sistema de acogida es una competencia específica del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, que no dispone de ningún centro propio en Canarias y que, una vez encontrado un lugar donde alojar a los inmigrantes, delega la asistencia en varias organizaciones mediante convenios y subvenciones: en el caso de las Islas, Cruz Roja, Fundación Cruz Blanca y CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado).

Para elaborar esta información también se solicitó la versión del Ministerio de Inclusión sobre lo sucedido en la Casa del Marino, que en su respuesta solo desglosa las competencias que le atañen y las que corresponden a otras instituciones, pero no entra en ningún tipo de detalle sobre lo ocurrido específicamente en este edificio ni tampoco sobre el brote de Covid, una consulta que según el ministerio solo puede responder, como titular de las competencias sanitarias, la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias.

Esta es la explicación ofrecida por Inclusión y Migraciones: "Puesto que la situación derivada del Covid se trata de un tema de salud pública, los lugares en los que se realizan cuarentenas pertenecen a la Comunidad Autónoma. No obstante, se ejerce una gestión compartida del mismo a través del despliegue de personal de la Cruz Roja, que se encarga de la atención de los espacios que la Comunidad Autónoma pone a disposición para cuarentenas de personas migrantes que han dado positivo en PCR a su llegada a costas".

En realidad, la Casa del Marino acoge inmigrantes desde meses antes a que estallara la crisis del Covid. Este edificio dependiente del Instituto Social de la Marina y luego transferido a la Comunidad Autónoma de Canarias, quedó parcialmente convertido en centro de acogida de inmigrantes desde noviembre de 2019. En noviembre llegó un primer grupo de 38 personas que días antes habían sido alojado por el Ayuntamiento en un pabellón deportivo. Tras la derivación, el alcalde celebró que los inmigrantes fueran reubicados y la consejera de Asuntos Sociales del Gobierno canario, Noemí Santana (Podemos), incluso visitó el centro para interesarse por el estado de los subsaharianos.

Ahora, con los centros asistenciales desbordados, centenares de inmigrantes que han pasado días casi al raso en muelles del Sur de Gran Canaria y el Covid extendiéndose a sus anchas incluso entre acogidos que llegaron sanos, ninguno de ellos ha expresado públicamente inquietud alguna por lo que sucede tras los muros de la Casa del Mar. Solo la portavoz del grupo Popular en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Pepa Luzardo, se acercó este jueves al centro para interesarse por la situación de los inmigrantes, pero no pudo pasar de la puerta, debido a la situación de confinamiento.

Desde el 14 de marzo han llegado a Canarias 95 embarcaciones con casi tres mil personas a bordo. En estos momentos, la situación está desbordada en Gran Canaria y la Delegación del Gobierno ha tenido que recurrir a los hoteleros para reubicar a grupos de inmigrantes en edificios de apartamentos turísticos.



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