Nace el bosque Sergio Alonso: un regalo de oxígeno para Gran Canaria

Placa en memoria de Sergio Alonso en el bosque que lleva ya su nombre. Finca de Osorio, Gran Canaria (Foto cedida por la Fundación Foresta)


El bosque Sergio Alonso, en memoria del presidente del grupo Domingo Alonso, crece ya joven y lozano en las faldas de la Finca de Osorio, en Gran Canaria. A su nacimiento asistieron este 1 de diciembre cientos de personas, entre ellos muchos niños, que quisieron contribuir a la plantación de 2.000 árboles, ejemplares de laurisilva, que ayudan desde este sábado a hacer un poco más verde Gran Canaria.

No es un bosque cualquiera, como tampoco lo era el ser humano en cuya memoria ha nacido. Cuando Sergio Alonso falleció en agosto de este año, su familia hizo público su deseo de que las coronas de flores fueran sustituidas por donaciones para plantar árboles en el corazón de Gran Canaria. Era un modo de dar continuidad al compromiso del empresario por la preservación del medio ambiente. La invitación cristalizó este 1 de diciembre con la llegada a la tierra de los 2.000 árboles adquiridos gracias a las donaciones y a la aportación realizada por la Fundación Canaria para la Reforestación Foresta.

La emoción se adueñó este sábado de la Finca de Osorio durante el homenaje al empresario cuando, minutos antes de la plantación, su hijo Claudio Alonso dio paso a una grabación con la voz de su padre. Allí estaba la huella sonora de su sencillez, su cálida humanidad, su bonhomía, mientras una bruma blanca y ligera descendía de la montaña como si una nube hubiera decidido sumarse al homenaje.

A la voz de Sergio Alonso le sucedió la música. Un cuarteto de cuerda interpretó tres piezas. No fue casual que la tercera en sonar fuera What a wonderful world. Minutos después, el singular ejército de voluntarios se dispersaba por las laderas para entregar a la tierra los 2.000 árboles con los que nace y crecerá el bosque en memoria de Sergio Alonso.

Había emoción en Osorio, pero sobre todo había vida: el trasiego del pequeño ejército en busca de guantes y sachos, las lecciones sobre el terreno de los agentes repartidos por Foresta para plantar bien los arbolitos, los pequeños retos entre amigos a ver quién plantaba más y mejor, abuelos enseñando a nietos adolescentes, madres aprendiendo y enseñando a la vez y el griterío curioso y entusiasta de muchos niños que este sábado moldearon la tierra con sus manitas para arropar los pequeños ejemplares de acebiños, fayas, viñátigos, palo blanco... El sonido de la vida.

Ahora, un legado verde enraizará y crecerá en Osorio cuidado por la Fundación Foresta. Es el regalo de oxígeno que, con la colaboración y el cariño de muchos, deja Sergio Alonso a Gran Canaria. En los años venideros, muchas nubes se posarán dulcemente como este sábado en las faldas de Osorio y alimentarán los arbolitos con su lluvia horizontal. Y cuando la brisa sople, con ella fluirá también el recuerdo de la sencilla y cálida humanidad de Sergio Alonso. El recuerdo de su bondad.



Foto de familia de los voluntarios. (Foto cedida por la Fundación Foresta)



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