Bohemian Rhapsody: Freddie Mercury, el mito que nunca deja de crecer






Parecía muy difícil agrandar la leyenda. Pero en esto que llegó a los cines Bohemian Rhapsody para disparar directo al corazón el recuerdo de Freddie Mercury, hacer aún mucho más grande el mito y recordar por qué los artistas son creadores de felicidad humana. Con una asombrosa interpretación del actor Rami Malek en la piel del cantante y alma de Queen, la película cautiva estos días espectadores a la misma velocidad con que algunos críticos tratan de triturarla con el argumento de que el film no profundiza en los demonios ni en la tragedia final de Freddie Mercury. Pero no se trataba de eso, sino de rendir tributo al genio prematuramente desaparecido y de celebrar su vida y su hipnótico legado. Y eso es exactamente lo que esta película consigue gracias al impresionante trabajo de Malek, la voz de Mercury y la música. Toda esa música...

De crear felicidad para sus espectadores sabía mucho el genio musical y teatral que era Freddie Mercury. Pasarán décadas y seguirá causando asombro cómo esa voz y esa manera de cantar hacen rejuvenecer cada día, hasta hacer que parezcan recién estrenadas, las grandes canciones de Queen. Ahora, tras el estreno de esta película, se reconfirma que hay un segundo genio, el de un Rami Malek que consigue meterse en un dificilísimo personaje cuyo mito podría haberlo devorado en el minuto uno. Su sola interpretación ya hace que Bohemian Rhapsody, la película, merezca la pena.

Es cierto, como dicen machaconamente algunos críticos, que el film no profundiza en los naufragios personales de Freddie Mercury. ¿Realmente hacía falta? Que cada espectador juzgue, a la vista de la obra, si era necesario detenerse en las zonas de sombra o escarbar en el drama con condena a muerte que era el sida en los años 80. Lo que sí hace la película es exhibir el extraordinario trabajo de Malek, capaz de capturar en apenas una mirada, en décimas de segundo, los abismos interiores de Freddie Mercury. Igual que su fragilidad, su ternura o su osadía.

Mercury seguirá siendo en muchos sentidos un misterio cuya leyenda probablemente no dejará nunca de crecer. Exactamente lo mismo que le ocurre también a la canción que da título a la película, esa magnífica pieza escrita por Mercury que aún genera tantas preguntas sobre qué quería decir en realidad su autor. Como no podía ser de otra manera, Bohemian Rhapsody, la canción, protagoniza un significativo tramo de la película.

Pero con ella y junto a ella, otras muchas canciones de Queen sirven de hilo conductor para contarle al gran público la historia de aquel joven maletero de Heathrow, nacido en Zanzíbar en el seno de una familia de origen persa huída a Londres, que primero desafió y luego conquistó al mundo con su voz de otro planeta y su arrolladora extravagancia felina. Y también con las canciones que compuso al piano. Como la maravillosa Love of my life que escribió para Mary Austin, el gran amor de su vida.

Sutilmente, a la banda sonora de la película se asoman también María Callas y Montserrat Caballé. No podían faltar en el homenaje al autor de Bohemian Rhapsody. Ellas que, como Mercury, también eran expertas en regalar felicidad a través de la música.




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