Empieza la era Clavijo: talante uno, claridad cero… y alimento para los viejos demonios

El candidato de CC a presidir Canarias lleva al Parlamento un discurso lleno de invitaciones al consenso que no arroja luz alguna sobre cómo combatir el paro o las listas de espera o qué hacer con la moratoria turística


Fernando Clavijo, cuyo discurso televisó este lunes la Televisión Canaria.



Fernando Clavijo (CC) está en contra de la pobreza, la malnutrición infantil, el paro, los desahucios y la emigración forzosa. Y también a favor del consenso político y de la digitalización y la internacionalización de la economía. Pero su discurso de investidura ante el Parlamento de Canarias no ha arrojado este lunes ni una sola pista concreta de cómo pretende combatir lo primero y conseguir lo segundo. El candidato a la Presidencia del Gobierno, que aspira a garantizar otros cuatro años de anclaje de CC en el cargo, después de otros 22 de ocupación ininterrumpida, pronunció este lunes un discurso de formas esmeradas pero escasa profundidad que no detalla ni una sola medida concreta respecto al futuro económico inmediato de Canarias. Clavijo llenó de exquisitez su intervención al parafrasear a todos y cada uno de los presidentes que le han precedido en el cargo, uno a uno, frase a frase. Pero más allá de los gestos, le faltó contundencia y claridad sobre algunos de los más delicados desafíos a los que se enfrentará su Gobierno: ni una palabra sobre medidas específicas contra el paro, ni una sola mención al futuro de la moratoria turística y cero alusiones a las listas de espera sanitaria. El resultado: talante uno, programa cero.


Es fácil llenar un discurso de buenas intenciones. Pero es más fácil todavía que naufrague de inmediato en la contundencia de las pruebas. Le ha ocurrido este lunes a Fernando Clavijo, que invocó una y otra vez al espíritu del pacto y los consensos, incluso con una invitación en primera persona a cada uno de los portavoces en el Parlamento canario. Tanto insistió en la voluntad del consenso, que hasta se permitió un amable reproche a quienes no quieren siquiera sentarse a hablar. Todo habría parecido creíble, de no ser porque quienes se disponen a apoyar su investidura y su Gobierno empezaron esta legislatura con una exhibición de sectarismo e imposiciones a la trágala. Que fue exactamente lo que ocurrió cuando, al elegir la Mesa del actual Parlamento, CC y Partido Socialista dejaron fuera de su composición a Podemos (7 diputados) y a Nueva Canarias (5). Esto es, unos 230.000 votos que no existen para la nueva mayoría 'de progreso'.

El candidato lo avisó: "Quienes busquen una batería de medidas estrella, se equivocan". En efecto, de su discurso de este lunes no es posible extraer ni una sola pista concreta de cómo piensa el inminente presidente del Gobierno combatir los índices devastadores del desempleo, corregir el peor mal de la sanidad canaria (las esperas quirúrgicas o por especialidades) o conducir el futuro del turismo.

Fernando Clavijo solo fue claro este lunes cuando hizo una apuesta (filosófica) por un cambio de modelo que encarrile la economía de Canarias hacia la era digital y la sociedad de la información y la industria basada en el conocimiento, con menciones específicas incluso a los escollos con que tropiezan los pocos emprendedores que se atreven con buscar un hueco en la selva del comercio electrónico. Así, insistió durante un importante tramo de su discurso en buscar "un crecimiento inteligente y sostenible" basado en "estrategias de especialización y liderazgo del conocimiento" e incentivación del talento. 

También hizo una ardorosa apuesta para "una auténtica revolución turística". Pero ni en un caso ni en otro detalló cómo, cuándo ni con qué recursos ni medidas concretas. Clavijo definió con cuatro palabras su estrategia para el turismo: "Reducir, renovar, crear e innovar". Y en un claro guiño a los empresarios que se desesperan bajo el peso insoportable de la burocracia interminable, habló de "reducir trabas" y de aportar "más seguridad jurídica". Pero en cambio, no dedicó ni una sola línea a arrojar luz sobre la mal llamada moratoria turística, un instrumento nacido al calor de la explosión del ladrillo cuyo sentido se ha desfigurado por completo en una comunidad con más del treinta por ciento de su población activa en paro. Ni una palabra sobre qué hacer en adelante con la moratoria.

El impulso a la conectividad aérea, a la bajada de los precios y al desarrollo de los aeropuertos como eje clave del desarrollo de Canarias también encontraron un hueco importante en su intervención y fue uno de los pocos capítulos en los que el candidato aportó apuestas concretas: Clavijo quiere modificar el sistema de las subvenciones al transporte, elevándolas al 75% del importe del billete en las rutas con menos tráfico en una clara alusión al efecto de la doble insularidad, y también apuesta por convertir a Canarias en un nodo intercontinental de comunicaciones aéreas. Una vieja apuesta de Coalición Canaria, que siempre se formuló en el pasado con la vista puesta en el aeropuerto Tenerife Sur. Claro que, como también sabe muy bien Clavijo, el futuro de los aeropuertos es ahora si cabe más oscuro, recién iniciado un proceso de privatización parcial del gestor aeroportuario.

En materia sanitaria, la imprecisión fue más allá de la omisión de las listas de espera. Clavijo anuncia que su gobierno se tomará un año para redactar un plan de atención de urgencias y añadió otra apuesta de 'ladrillo sanitario' por la vía de programar la construcción de centros de salud y hospitales. Pero sus palabras no llevarán alegría ni indicio de esperanza alguna a quienes esperen y se desesperen aguardando una cita para operarse de cataratas o tan siquiera para acudir al cardiólogo, al traumatólogo o al oftalmólogo.

Algo más claro, aunque solo hasta el límite endeble del efectismo, sí fue en algunos de los compromisos probablemente atribuibles a su socio de Gobierno: la creación de un comisionado para combatir la exclusión social y también de una oficina de intermediación hipotecaria. De lo primero, el tiempo dirá para qué sirve, más allá de para crear un nuevo cargo en el organigrama gubernamental y asomarse con profusión a la televisión canaria. De lo segundo, queda por saber qué quiere decir Clavijo exactamente cuando habla de buscar por la vía de la 'intermediación hipotecaria' alternativas como "la quita". Quedó clara la apuesta por el alquiler social, pero ¿acaso pretende el Gobierno canario obligar a los bancos a condonar deudas de terceros? ¿O es que las quitas las acabará pagando el sufrido contribuyente? De lo uno y lo otro, la única pista la aportó después de la intervención del candidato la inminente vicepresidenta del Gobierno, Patricia Hernández, que declaró "impregnado" de propuestas socialistas el discurso de Fernando Clavijo, poco después de anunciar, en un tono muy quincemayista, una "lucha sin cuartel contra los desahucios". 

Pero si hubo un capítulo realmente oscuro en el discurso escuchado este lunes en el Parlamento, ese y no otro fue el tramo que Clavijo dedicó a la necesidad de reformar el sistema electoral, una modificación sobre la que dijo a la vez una cosa y su contraria: esto es, que el sistema hay que retocarlo, pero teniendo muy clara la bondad del actual modelo en lo tocante a la representación de las Islas. ¿Modificar los topes electorales sin alterar la triple paridad, será lo que quiso decir el candidato? No se sabe, porque nada detalló al respecto.

En un gesto que le honra, Clavijo sí quiso tener palabras de inequívoca gratitud histórica con todos y cada uno de los presidentes de Gobierno que le han precedido, a los que parafraseó sucesivamente. Emocionó la cita al único de todos ellos ya fallecido, aquel Adán Martín que sorprendió desde la línea uno de su discurso con una apuesta por la búsqueda de la felicidad de los administrados. 

Pero estuvieron todos. Incluido aquel Manuel Hermoso que llegó a la Presidencia acompañado por todos los demonios del insularismo, pero que probablemente no hubiese consentido jamás lo que se propone hacer el nuevo pacto CC-PSC: romper la norma inspirada en el Estatuto que ha impedido hasta ahora concentrar la Presidencia y la Vicepresidencia del Gobierno en diputados de una misma isla, en este caso Tenerife. Dice Clavijo que los mensajes destructivos no son buenos para la unidad de Canarias. Claro que peor aún es dinamitar las normas más elementales del equilibrio. Porque es en esa fuente donde volverán a beber, alimentarse y engordar los viejos demonios. 

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