La maravillosa carga del buque hospital Esperanza de África

El barco hace parada técnica para repararse en Gran Canaria antes de iniciar diez meses de operaciones quirúrgicas gratuitas a más de dos mil personas sin recursos en Benín


Cuatrocientas personas, incluidos muchos cirujanos voluntarios y medio centenar de niños que acompañan a sus padres, viajan en el pequeño pueblo flotante que es la nave


Familias del Esperanza de Africa que descansan en Gran Canaria.

Siete cubiertas, cinco quirófanos, unidad de cuidados intensivos y 82 camas de hospitalización… Pero sobre todo mucha generosidad es lo que viaja a bordo del ‘Esperanza de África’, el barco hospital de la organización no gubernamental Naves de Esperanza que se repara estos días en el astillero Astican de Las Palmas de Gran Canaria antes de partir hacia los diez meses de servicios sanitarios gratuitos que prestará a la población más desfavorecida de Benín y otros países anexos de África. Un equipo de cirujanos integrado por voluntarios de todo el mundo se dispone a intervenir durante la nueva campaña que comenzará a finales de agosto a más de dos mil personas, ciudadanos de Benín, pero también de otros países que aguardan por el Africa Mercy para encontrar en el barco la solución quirúrgica que no pueden darle los servicios sanitarios de sus países o a los que ellos no pueden acceder.


Más que una tripulación, lo que viaja a bordo del Africa Mercy es un pequeño pueblo flotante integrado por el personal de servicio del barco, los profesionales sanitarios fijos o en rotación, pero también sus familias, entre ellos muchos niños de entre cero y 18 años que en algún caso llevan toda su vida en el buque. De los niños hay rastro en muchas esquinas del barco. Desde luego en su escuela, dispuesta todo el año para asegurar la formación de estos menores. Pero también en las puertas de los camarotes donde se alojan las familias enteras que deciden dedicar al menos una temporada completa (diez meses, a los que se añaden dos de parada técnica) en el Africa Mercy. Ocho de ellas descansan estos días en Gran Canaria, alojados en el Sur de la isla en un hotel de la cadena española RIU, uno de los grupos empresariales de todo el mundo que colaboran de forma estable con la ONG Naves de Esperanza.

La actividad humanitaria del Esperanza de Africa tiene un coste anual de unos 15 millones de euros, aproximadamente un tercio del desembolso que conlleva el mantenimiento de un gran hospital análogo en tierra, explica Ricardo Menzies, coordinador nacional de la ONG en España, con sede en Barcelona. Su sostenimiento es posible gracias al trabajo de los médicos y sanitarios que se suben altruistamente al barco para prestar servicio en él durante períodos variables que van desde 15 días a diez meses, en este último caso con familia incluida, si lo desea el interesado. Los médicos proceden de todo el mundo, pero no es usual la presencia de españoles a causa de la barrera idiomática, dado que hablar perfectamente inglés como idioma oficial del barco es esencial para garantizar una comunicación correcta entre el personal sanitario.

Fotos del personal sanitario voluntario a bordo del Africa Mercy.

Pero sobre todo, la actividad humanitaria del Africa Mercy es posible gracias a la aportación de miles de colaboradores de todo el mundo que aseguran la continuidad de la hermosa tarea de Naves de Esperanza con el pago de cuotas mensuales. A ello se añade el patrocinio de grupos médicos y farmacéuticos que prestan su ayuda en especie, mediante la aportación de equipamiento tecnológico o material sanitario diverso. Entre ellos está el grupo Alcon, fabricante de material quirúrgico y oftalmológico, que proporciona al barco materiales de todo tipo imprescindible para dar servicios en el área de la salud de la vista, como las intervenciones de cataratas, una de las más frecuentes a bordo.

Hay otras colaboraciones empresariales llamativas, como la que presta el gigante Starbucks Coffee al barco mediante un puesto de sus célebres cafés instalado en el centro de lo que en la nave se conoce como la plaza de España, esto es, un área cubierta de recreo con pequeñas terrazas y una zona de ordenadores que es punto de encuentro y descanso en este pequeño pueblo flotante.

Zona de descanso, con el Starbucks Cofee donado por la misma empresa.

Durante su parada técnica de esos días en Gran Canaria, el Africa Mercy, un antiguo ferry reconvertido en hospital flotante, remodela sus quirófanos, que entre otras cosas han sido provistos de un nuevo suelo de material acrílico que facilita su limpieza y esterilización. Las familias están de vacaciones en sus residencias de origen y parte de ellas en uno de los hoteles de RIU en Gran Canaria. Pero a bordo todavía es patente el trasiego de al menos un centenar de tripulantes y profesionales del barco de muchas nacionalidades que permanecen en la nave atentos a su reforma, a pesar de su parada técnica. A unos cien metros de distancia, están estos días aparcados una treintena de coches de la ONG que viajan también en la nave, en su gran mayoría vehículos todoterreno que Naves de Esperanza utiliza en sus puntos de destino para las múltiples tareas humanitarias que realizan, más allá de las intervenciones quirúrgicas.

La llegada del Africa Mercy a su punto de destino no pasa jamás desapercibida. A su alrededor se despliega un pequeño campamento con tiendas donde se aloja a las personas que están a punto de ser intervenidas o que requieren revisiones en el postoperatorio, parte de las cuales se derivan también a pequeños hostales de la zona. Muchas de ellas llegan desde puntos distantes al muelle de atraque del barco, pero otras proceden de otros países anexos, incluso “de dos más allá”, subraya Ricardo Menzies. Personas que se enteran de los planes del barco boca a boca o por internet, “que usan mucho en los cibercafés”, y piden ser atendidos por sus médicos.

La zona de cuidados intensivos, en medio de las obras de reparación.

El personal sanitario afronta intervenciones diversas, como cataratas, corrección de labios leporinos o paladar bífido, reparaciones ortopédicas, corrección de fístulas obstétricas y cirugías maxilofaciales diversas, en ocasiones para librar a los pacientes de deformaciones tumorales espantosas que, además del terrible aspecto, llevan parejo un castigo social si se las asocia a algún tipo de castigo divino. Intervenciones que en muchos casos, amén de librar al paciente de su problema, le ayudan a encontrar trabajo y a reanudar su vida en condiciones más dignas. Ocurre por ejemplo con las cirugías de labio leporino. “Se ha dado el caso de alguna mujer que nos contó que, tras la operación, había podido encontrar trabajo y que le cambió la vida”.

El buque cuenta con material de diagnóstico avanzado, como un TAC y otros recursos de radiología, y también con equipos de telemedicina, para facilitar la identificación y el diagnóstico de patologías tumorales mediante la intervención de especialistas que pueden encontrarse a miles de kilómetros de distancia. Pero como relata Ricardo Menzies, una de sus singularidades más curiosas es su banco de sangre. “En un banco convencional, la sangre se conserva a muy baja temperatura. Nosotros la tenemos a 36,5 grados, en el propio cuerpo del donante”, porque cuando se precisa sangre, se pide por megafonía al personal del barco y “ahí la tenemos, calentita y lista para ser donada”, relata Menzies con una sonrisa.

El Esperanza de África elige sus destinos generalmente a petición de los países africanos que desean que esta ONG les ayude a completar sus servicios sanitarios. No siempre es posible, porque Naves de Esperanza ha de asegurarse primero de que tanto la tripulación como el barco van a permanecer durante su larga estancia a salvo de cualquier incidencia grave. Así, no ha sido posible incluir a Guinea en su ruta, por la amenaza que representa el contagio del ébola. En su día, también requirieron soporte de Naciones Unidas para poder prestar la ayuda que les pedía Liberia. La ONU se aseguró de garantizar las condiciones de seguridad del barco y su personal en un país cuya situación es extremadamente compleja. Una vez en el lugar, los pacientes son seleccionados de una lista de espera de acuerdo con la complejidad y gravedad de sus patologías.

Pero la esperanza que lleva a bordo el Africa Mercy irradia y va mucho más allá de la mera asistencia sanitaria a las más de dos mil personas que pasan cada año por sus quirófanos. Personal del barco se ocupa expresamente de dar formación a médicos y sanitarios de los países de destino y de realizar actividades de medicina preventiva en pueblos y aldeas. A eso añaden otro capítulo singular: la enseñanza de métodos de agricultura ecológica y sostenible, para intentar proporcionar un medio de vida duradero a los habitantes de zonas extremadamente pobres. En África, subraya Menzies, es frecuente quemar la tierra con el uso de compuestos químicos. El personal del barco enseña a los agricultores a cultivar sin química y a hacer sostenibles sus plantaciones.

Durante su estancia en el país de destino, el barco y su personal se someten a una particular simbiosis que les convierte en una parte más del país que les acoge. El personal local que se incorpora a bordo para dar asistencia o recibir formación se integra con el resto de la tripulación. De hecho se duplica el número de comensales diarios en el bullicioso comedor del barco, que pasa de 400 a 700 personas de asistencia diaria.



Mientras sus padres trabajan, el medio centenar de niños y adolescentes que de media viajan en el barco asisten a la escuela de a bordo, cuyas paredes están cubiertas de libros del suelo al techo, pero donde es muy visible el equipamiento tecnológico, con decenas de ordenadores personales y una pantalla táctil de última generación utilizada por los profesores para sus explicaciones (ver VÍDEO). Algunos de estos niños, como los hijos del cirujano jefe, que lleva más de veinte años a bordo, han vivido toda su vida en el Africa Mercy. Sus dibujos decoran el barco. Sus rostros risueños en paneles distribuidos por la nave junto con una banderita del país de procedencia humanizan las paredes y recuerdan el cargamento de humanidad y también de inocencia que lleva a sus múltiples destinos el Esperanza de África.

(Si quieres saber más de la ONG Naves de esperanza, pincha aquí)




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