Las vidas perdidas del Covid

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Los contagios de Covid se van estabilizando poco a poco y "solo" suben en 70 nuevos casos en Gran Canaria. Pero la pandemia se ha cobrado entre ayer y hoy nueve vidas en Canarias, entre ellas la de una persona de solo 23 años. Dice la estadística que casi todos los fallecidos eran de edad avanzada y que la persona joven tenía patologías muy graves. Tristísima manera de relativizar las muertes. Que fueran mayores o que tuvieran otras enfermedades no hace estas muertes menos trágicas para quienes se fueron o para sus familias. Pero así es la retórica del poder y también del periodismo desde que comenzó esta pandemia. En España y en Canarias. Si se ralentizan los casos, pero suben los decesos, allá va la verdad oficial a relativizar esas muertes. Era un anciano, o era fumador y mayor de 60, o era joven pero tenía cáncer o leucemia... La gélida frialdad con que la verdad oficial encubre o trata de encubrir todo aquello que el poder pudo hacer y no hizo para evitarlo.Y así con lo…

Jesús Martínez, el médico que salvó los cuatro minutos de oro en la vida de un bebé

Este médico coordinador del SUC se encargó de tranquilizar y guiar a la madre que llamó desesperada al 112 porque su hija de 3 meses había dejado de respirar


El facultativo explica que la niña sufrió cuatro episodios consecutivos de depresión respiratoria. A partir del cuarto minuto, la situación "puede ser catastrófica", pero la madre consiguió reanimar a la menor



Se llama Jesús Martínez, es médico coordinador en el Servicio de Urgencias Canario (SUC) y el miércoles ayudó por teléfono a una madre a salvar a su hija de 3 meses de una parada respiratoria que podría haber tenido consecuencias catastróficas para el bebé. Pasado el mediodía del miércoles, un operador del 112 le pasó una llamada con código de emergencias, el que se atribuye a aquellas situaciones en que puede existir un "peligro inminente para la vida". Al teléfono encontró a una mujer histérica que gritaba pidiendo ayuda. Su hija de 3 meses se estaba poniendo de color azul a causa de una depresión respiratoria causada por un atragantamiento mientras tomaba el biberón. Y Jesús hizo lo que debía: reclamar la atención de la madre, hacerle comprender que eran minutos de oro para su hija y darle instrucciones para que recuperara a la niña. Cuando la ambulancia llegó, la niña ya había recuperado el tono después de cuatro episodios de apnea (corte de la respiración) que podrían haberla conducido a la muerte de no ser por la eficiencia con que la madre, guiada por el doctor Martínez, hizo a la pequeña sucesivas maniobras de respiración boca-nariz para que no entrara en una situación crítica por falta de oxígeno.

Jesús Martínez, médico coordinador del SUC.



¿Puede un bebé perder la vida a causa de un atragantamiento con leche, mientras toma el biberón? La respuesta es sí y lo que sucedió este miércoles a partir de la llamada de esta madre desesperada al 112 Canarias puede tener como efecto colateral un ejemplo pedagógico para otras madres y padres. ¿Se puede ahogar un niño con apenas un buche de leche que llegue accidentalmente a las vías respiratorias? Sí, "Es así como se atragantan los pequeños" y como empieza un proceso en el que en apenas cuatro minutos se puede desencadenar una situación "catastrófica" para el bebé si no tiene al lado a un adulto capaz de revertir la situación.

Lo explica con claridad Jesús Martínez: tras el atragantamiento llega la depresión respiratoria y aproximadamente 4 minutos después, una situación que se vuelve crítica si tras la hipoxia (falta de oxígeno) se inicia una situación crítica que afecte a las funciones cerebrales y en último extremo derive en una parada cardiaca. "A partir del cuarto minuto, la situación se pone muy cuesta arriba".

Es lo que Jesús Martínez trataba de impedir cuando la madre telefoneó al 112 y el operador detectó una situación de emergencia. El protocolo exige entonces que el médico interrogue a su interlocutor con palabras claras y sencillas, pueda hacer un diagnóstico remoto de lo que está ocurriendo al otro lado del teléfono y haga comprender a quien llama cómo debe actuar, en este caso para salvar la vida del paciente. En el episodio de este miércoles, la madre respondió a todas las preguntas que hizo Martínez para determinar cuál era la situación de la niña y entonces empezó a dar instrucciones a la mujer para que la recuperara: colocarla sobre una superficie rígida y darle respiración colocando su boca sobre la nariz del bebé.

La madre iba haciendo lo que el doctor decía, pero aún así, el facultativo oía que el llanto de la niña en cada recuperación era débil y luego se desvanecía: y así hasta cuatro veces, cuatro episodios de depresión respiratoria en cuatro minutos. Poniéndose en lo peor, el médico ya estaba preparándose para adiestrar a la madre de tal forma que fuera capaz de dar un masaje cardiaco a su bebé. Por fortuna, no fue necesario: cuando la primera ambulancia llegó, la niña ya había recuperado la respiración con normalidad y solo fue necesario administrarle oxígeno. Después arribó una ambulancia mediatizada y se produjo el traslado de la pequeña al hospital Materno Infantil.

Las ambulancias llegaron muy pronto, pero el 112 guarda tan celosamente la identidad de los pacientes, que ni siquiera ha identificado la zona de Las Palmas de Gran Canaria donde viven madre e hija. Entre tanto, un día después, el médico seguía en su puesto de guardia atendiendo llamadas de ciudadanos y, en los descansos, alguna conversación con los periodistas que se han interesado por el caso.

La gran paradoja es que ni siquiera ha visto la carita de la niña cuya vida ayudó a salvar.








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