viernes, 11 de abril de 2014

Los expertos creen que el helicóptero del SAR se hundió 'a plomo' y en vertical en el océano



La zona atlántica donde cayó el Súper Puma se caracteriza por los remolinos ciclónicos, pero las corrientes marinas eran suaves en la noche del fatal accidente

Los especialistas de la Universidad de Las Palmas no ven probable que la fuerza del agua tuviera capacidad para provocar un desplazamiento significativo de la nave durante su hundimiento



Mapa de las corrientes marinas en superficie entre Gran Canaria y Fuerteventura los días 19 y 20 de marzo. La zona de azul más intenso corresponde a la de remolinos ciclónicos.


TERESA CÁRDENES, Las Palmas de Gran Canaria

Soplaba el alisio hacia el suroeste a 1,5 nudos de velocidad ("no muy fuerte"), las corrientes marinas se desplazaban a razón de 20 centímetros por segundo en dirección oeste y al Sur de Gran Canaria y Fuerteventura, donde cayó el helicóptero, operaba como de costumbre en esta zona del Atlántico un remolino ciclónico que era más débil el 19 de marzo que al día siguiente. Son los parámetros que registraba el mar a 37 millas náuticas de Gran Canaria la noche fatídica del 19 de marzo, en que por causas desconocidas cayó al océano el Súper Puma del Servicio Aéreo de Rescate tragado por las aguas junto a cuatro de sus tripulantes. Estos datos técnicos son esenciales para la localización en aguas profundas de la aeronave y han sido facilitados a la Armada por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Pese al remolino ciclónico y las corrientes, los expertos de la Universidad creen que, debido a su porte y su peso, el helicóptero se hundió a plomo en vertical, sin que la fuerza del agua tuviera capacidad para desplazarlo de forma significativa del lugar donde se produjo el accidente.





La localización exacta del lugar donde se hundió el helicóptero es la tarea fundamental que llevará a cabo el barco Malaspina, el buque auxiliar de la Armada, dependiente del Instituto Hidrográfico Nacional, que abandonó este viernes el puerto de Las Palmas de Gran Canaria para dirigirse a la zona donde se produjo el accidente. Este barco, cuya tarea habitual consiste en dibujar los perfiles de la costa y la plataforma continental española, se anticipará a la llegada del buque de la empresa internacional contratada por el Ministerio de Defensa para visualizar y tratar de izar a la superficie el helicóptero desde una profundidad de 2.500 metros.

En realidad, el trabajo del Malaspina ya comenzó días antes de que partiera ayer desde la Base Naval de Gran Canaria en dirección a la zona del accidente. Pocos días después del siniestro, un representante del Hidrográfico contactó con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para solicitar colaboración técnica en la tarea de búsqueda. La petición se dirigió concretamente al catedrático y director del Centro de Oceanografía y Cambio Global, Alonso Hernández Guerra. El objetivo fundamental, conocer cómo soplaba el viento y qué corrientes marinas se registraban en la zona del accidente en la noche y el día posterior a la caída al agua del helicóptero, que se llevó consigo la vida de tres pilotos y un sargento mecánico cuando ya regresaban al término de un entrenamiento de rescate nocturno.

Desde que se produjo el accidente se ha señalado como un elemento favorecedor de la búsqueda y la localización el hecho de que el único superviviente del siniestro, un joven grancanario que pudo abandonar la nave antes de que el Súper Puma se hundiera, pudiera señalar el lugar concreto en que cayó el helicóptero. Así como la presencia en la zona de un barco de la Armada con el cual se había realizado poco antes el ejercicio de entrenamiento nocturno.

Sin embargo, y pese al testimonio del superviviente e incluso la presencia de este barco que intervino en su rescate, todavía queda para el Malaspina un trabajo complejo de localización precisa del helicóptero. ¿Por qué razón? Era noche cerrada y, pese a la inmediatez del rescate, el tiempo en que el joven permaneció flotando en el agua, unido a la acción de las corrientes marinas, pudieron intervenir en el desplazamiento de su cuerpo desde el punto exacto en que se produjo el hundimiento. Por eso es clave conocer los parámetros físicos que se daban ese día en superficie, tanto en términos de viento, como de corrientes marinas, para poder hacer simulaciones de movimiento y poder determinar con la mayor exactitud posible dónde se hundió el Súper Puma.

En términos prácticos, esto significa que los especialistas del Malaspina deberán establecer un eje en el lugar donde se cree que cayó la nave y luego establecer un perímetro de búsqueda subacuática. Sería como fijar un punto en el océano y dibujar con un compás imaginario una circunferencia: el radio de giro vendrá marcado por los cálculos que se hagan a partir de la fuerza del viento y las mareas. Y esos son exactamente los datos que proporcionó al Instituto Hidrográfico el catedrático Hernández Guerra.

La consulta a la Universidad giraba sobre un aspecto muy determinado: conocer cómo eran las corrientes y cómo soplaba el viento en las horas previas y posteriores al accidente y determinar a partir de esos datos si, en su bajada al fondo del mar, el helicóptero pudo registrar algún desplazamiento subacuático. El tercer factor que se añade a este escenario es el de los remolinos ciclónicos, masas de agua en movimiento circular en sentido contrario a las agujas del reloj que son frecuentes entre las islas y que son capaces de desplazar cuerpos u objetos de poco peso en direcciones totalmente distintas.


El catedrático Alonso Hernández Guerra, director del Centro de Oceanografía.
Alonso Hernández Guerra remitió al Hidrográfico todos los datos que se le requirieron. El catedrático describe como suaves tanto el alisio que soplaba esa noche en la zona como las corrientes marinas e incluso el remolino ciclónico. En su opinión, ni las corrientes ni el remolino tenían en esas horas la potencia suficiente como para provocar un desplazamiento significativo del helicóptero durante su descenso al fondo del mar. De la misma opinión es Javier Arístegui, también experto en oceanografía y profesor como Hernández de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, aunque él no participó en la ronda de consultas realizada por los especialistas del Malaspina.

A juicio de ambos, el helicóptero descendió en vertical. Ahora el trabajo complejo consiste en determinar en qué punto exacto se produjo el hundimiento. Según recibió la consulta, el catedrático Hernández envió al Hidrográfico los mapas de corrientes que operaban los días 19 y 20 de marzo. Por el momento no está previsto que haya ninguna intervención más del Centro de Oceanografía de la ULPGC, que en todo caso carece de tecnología para tomar parte en un rescate de la envergadura que afrontan el Ministerio de Defensa, el Ejército del Aire y la Armada.

El Ministerio de Defensa confirmó este viernes que el próximo martes llegará a Gran Canaria el buque 'EDT Ares' de la compañía norteamericana Phoenix International Holding, especializada en rescates en aguas profundas y dotado de artefactos de alta tecnología capaces de rastrear los fondos marinos a grandes profundidades. Entre ellos, el medio estrella será un ROV (Remote Operated Vehicle), un robot operado por control remoto equipado con cámaras que envían en tiempo real imágenes a los ordenadores a bordo del 'EDT Ares'.

Tras el análisis de la epidermis del océano para determinar si pudo haber o no desplazamiento de la nave durante su hundimiento, el ROV, sus cámaras y sus ordenadores serán quienes radiografiarán el fondo del océano en busca del helicóptero donde se cree que están atrapados los cuerpos del capitán Daniel Pena Valiño, los tenientes Carmen Ortega Cortés y Sebastián Ruiz Galván y el sargento Carlos Caramanzana Álvarez. En tierra les esperan sus familiares con el corazón hecho jirones.









1 comentario:

  1. La información que has colocado es muy interesante. Leí de principio a fin.

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