domingo, 20 de abril de 2014

El robot Remora II transmitió a superficie imágenes de los 4 militares atrapados en el helicóptero del SAR

Ejército


Las cámaras del ROV de Phoenix que hallaron la nave a 2.362 metros de profundidad también son claves ahora para tratar de izar el Súper Puma


El padre de uno de los militares desaparecidos alertó a varios periodistas de la localización en un mensaje de Whatsapp a las 5:39: "Los encontraron. Un abrazo"


"Ahora solo quiero llevármelo, que esté en Chiclana y poder llevarle flores. Y cuando me toque, descansar junto a él", explica Sebastián Ruiz


Daniel Pena (arriba izquierda), Carmen Ortega, Sebastián Ruiz (izquierda abajo) y Carlos Caramanzana.



TERESA CÁRDENES, Las Palmas de Gran Canaria

El teniente Sebastián Ruiz Galván habría cumplido 30 años el 25 de junio próximo. Pero para el final de esta amarga Semana Santa, su padre no esperaba otra cosa que una llamada de teléfono que le confirmara que los restos de su hijo, desaparecido en el mar junto a otros tres militares el pasado 19 de marzo, pudieran volver a casa, a descansar para siempre en Chiclana y al menos "poder llevarle sus flores". Sebastián Ruiz, el padre del teniente, tenía un presentimiento sobre este domingo de Resurrección que se ha visto cumplido: antes del amanecer, la esperada llamada llegó a su móvil. El Ejército del Aire le notificaba oficialmente la localización bajo el océano, a 37 millas náuticas de Gran Canaria y 2.362 metros de profundidad, del helicóptero del SAR que se hundió en el Atlántico el 19 de marzo pasado, llevándose consigo los sueños de cuatro jóvenes militares, entre ellos el piloto Ruiz Galván. Su padre, un hombre al que esta tragedia le ha partido el corazón pero no le ha robado el aplomo, hizo entonces lo que él creía que debía: tomó su móvil, seleccionó los nombres de algunos periodistas y mandó un whatsapp: "Los encontraron. Un abrazo". Eran las 5:39 horas de este domingo de Resurrección.




Los que en medio de esta tragedia podían conciliar el sueño, dormían en tierra en la madrugada de este domingo. Pero no el ROV (Remoted Operated Vehicle) Remora II, el ingenio submarino de menos dos toneladas de peso, corazón electrónico, ojos de alta definición y conexiones de fibra óptica que rastreaba desde el miércoles una milla cuadrada de superficie submarina en busca del helicóptero del SAR hundido el 19 de marzo entre las islas de Gran Canaria y Fuerteventura. Tampoco los especialistas de Phoenix International Holding (PIH), la empresa experta en rescates en aguas profundas contratada por el Ministerio de Defensa, ni la tripulación del EDT Ares, el buque fletado por PIH para rastrear la zona de la desaparición.

Los ojos electrónicos de Remora II, que alberga varias cámaras de alta definición y sistemas de iluminación capaces de abrirse paso en profundidades abisales de hasta 6.000 metros, detectaron a las 3:00 de la madrugada del domingo el fuselaje del Súper Puma fatalmente accidentado cuando, según una dramática paradoja, su tripulación iniciaba el camino de regreso a tierra al término de un entrenamiento de rescate nocturno.


El robot Remora II a bordo del EDT Ares


La localización exacta del helicóptero, después de los trabajos previos para acotar la zona de rastreo en el mar, era una de las tareas más complejas de la operación de búsqueda y rescate de la aeronave del SAR. Pero aún quedaba otra verificación dramática, pero clave para las familias que llevan un mes desesperándose por conocer el paradero de sus seres queridos: comprobar si dentro del helicóptero estaban los cuerpos de los tres pilotos, el capitán Daniel Pena Valiño, los tenientes Carmen Ortega y Sebastián Ruiz, y el mecánico, el sargento Carlos Caramanzana, a los que se creía atrapados en el interior de la nave. Las cámaras de Remora II se acercaron, enfocaron y transmitieron las imágenes a los ordenadores a bordo del buque EDT Ares: según los someros datos que este domingo difundió el Ministerio de Defensa, las imágenes enviadas por el ROV acreditan que los cuerpos de los 4 militares permanecían en el interior del helicóptero.

Antes de que la confirmación llegara de Defensa, el padre de Sebastián Ruiz lo relataba a esta periodista con una sencillez demoledora. Horas antes había recibido una de las llamadas más esperadas de su vida. Pero él no preguntó por los datos técnicos, ni por la profundidad, ni por los detalles. "Yo solo hice una pregunta, ¿están los cuatro? Y ellos me han dicho que sí. Afortunadamente sí están". Con este dato se liquidaba la duda que atenazaba el corazón de las familias desde hace ya un mes, la duda que todos compartían, pero que nadie se atrevía a comentar en público desde que Defensa pusiera la búsqueda del helicóptero en manos de la que pasa por ser la mejor compañía del mundo en rescates subacuáticos en aguas profundas, Phoenix International.

Determinar la posición exacta del helicóptero ha sido desde hace ya semanas una de las fases más complejas de la operación de búsqueda y rescate lanzada por Defensa después de que la madre del capitán Pena y el padre del teniente Ruiz tuvieran que iniciar una campaña de apoyo público para que fueran rescatados los restos de sus hijos. Esta fase fue culminada en la madrugada del domingo por Remora II. Detrás quedaban los estudios del Instituto Hidrográfico Nacional y del buque Malaspina para verificar cómo podían haber afectado las corrientes marinas y los remolinos ciclónicos frecuentes en la zona (grandes masas de aguas oceánicas en movimiento circular) al descenso de la aeronave hasta los 2.362 metros de profundidad donde ha silo localizado por el robot submarino.

Para localizar la nave, el Ejército del Aire contaba con el testimonio del único superviviente del accidente. Pero antes, los especialistas tenían que baremar dos datos esenciales para acotar con la mayor precisión posible la zona de rastreo: determinar cómo habrían influido las corrientes oceánicas en el hundimiento de la nave, pero también en el desplazamiento del propio superviviente en el mar antes de su rescate, en una noche en que operaba en la zona del accidente una corriente marina equivalente al desplazamiento de 20 centímetros por segundo, según había informado al Hidrográfico el Centro de Oceanografía y de Cambio Global de Las Palmas de Gran Canaria. Cuando el Malaspina partió de Las Palmas de Gran Canaria, los expertos en oceanografía de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ya barajaban la hipótesis de que el helicóptero se hundió a plomo y en vertical, en el convencimiento de que las corrientes marinas registradas el 19 y el 20 de marzo no tenían potencia suficiente como para desplazarlo de su trayectoria durante la inmersión.

Mapa de corrientes marinas en la fecha del accidente y al día siguiente. En azul oscuro, los remolinos ciclónicos frecuentes en esta zona del Atlántico.

Con estos datos han trabajado sin descanso los especialistas en el manejo por control remoto del Remora II y la tripulación del EDT Ares, el buque de bandera chipriota fletado por Phoenix para dar con el helicóptero e intentar izarlo a la superficie. El ROV ha escaneado literalmente el fondo marino en el área que se fue acotando con todos los parámetros de viento, corrientes y remolinos de la zona, hasta fijar una zona de rastreo de una milla cuadrada. Tras el hallazgo de esta madrugada, ahora empieza la segunda fase de la operación: determinar cómo podrá el robot enganchar el helicóptero y sacarlo a la superficie con las grúas situadas a bordo del EDT Ares.

En medio de la tragedia, Sebastián Ruiz y Josefina Valiño al menos pueden hoy compartir con el resto de los familiares el consuelo de que, si la operación llega a término como se prevé, podrán llevarse a casa los cuerpos de sus hijos. Josefina logró que su durísima carta exigiendo a Defensa el despliegue de todos los medios necesarios para localizar a su hijo y a sus compañeros fuera inmediatamente avalada por decenas de miles de personas en toda España. Antes de que rozara las 150.000 firmas, Defensa anunciaba la contratación de Phoenix International Holding.

Por su parte, Sebastián deja atrás "un día del padre que no se me olvidará en la vida". El día del padre más amargo de su historia. Pero al menos, cuando la pericia de Phoenix logre llevar a término la operación para la que fue contratada por el Ministerio de Defensa, podrá ver cumplido su único objetivo en medio de la tragedia que le ha tocado vivir. "Yo lo que quería era recuperarlo y tenerlo cerca en Chiclana. Y llevarle sus flores cuando me apetezca, porque en realidad voy a seguir hablando con él todos los días. Que él esté allí, y cuando a mí me toque la hora, pues que estemos juntos".













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